Hubo un tiempo en el que los vinos canarios eran apreciados en las cortes europeas y viajaban por el Atlántico hasta las mesas de Inglaterra. Su fama llegó incluso a las obras de William Shakespeare. Sin embargo, detrás de aquel esplendor se esconde una historia de comercio, rivalidades políticas y tratados internacionales que cambiarían para siempre el destino de nuestros vinos.

El nacimiento de una potencia vinícola atlántica

Tras la conquista e incorporación de las islas Canarias a la Corona de Castilla, a finales del siglo XV, la vid comenzó a extenderse por el archipiélago. Durante el siglo XVI, el vino se convirtió progresivamente en uno de los grandes motores económicos de las islas.

La posición geográfica de Canarias resultó decisiva. Situadas en las rutas marítimas que conectaban Europa, África y América, las islas ocuparon un lugar estratégico en el comercio atlántico. Los barcos que cruzaban estas aguas transportaban mercancías de todo tipo y, entre sus cargamentos más apreciados, se encontraban los vinos canarios.

Tenerife adquirió un protagonismo especial gracias a sus exportaciones de malvasía, mientras que otros territorios del archipiélago también participaron en este floreciente comercio. La demanda inglesa creció hasta convertir el vino en una de las principales mercancías de intercambio entre Canarias y el norte de Europa.

A mediados del siglo XVII, el comercio con Inglaterra había alcanzado una dimensión extraordinaria. En el valle de La Orotava, la actividad vitivinícola generaba riqueza y atraía a numerosos comerciantes extranjeros. El vino canario no era simplemente un producto local: era una mercancía de prestigio que había encontrado su lugar en los mercados internacionales.

¿Qué era exactamente el Canary Sack?

En la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, el término sack se utilizaba para designar determinados vinos importados, especialmente vinos blancos de la península ibérica y de las islas Canarias. Expresiones como Canary Sack identificaban los vinos asociados al archipiélago, mientras que otros nombres, como Sherry Sack, remitían a vinos de diferentes procedencias.

No debemos entenderlo como una denominación de origen en el sentido actual ni como un vino elaborado siempre mediante una única técnica. Era un término histórico y comercial cuyo significado dependía del contexto.

Entre los vinos canarios más apreciados destacaba la malvasía, valorada por su riqueza aromática, su concentración y su carácter dulce. Su reputación traspasó fronteras y encontró un público dispuesto a pagar por aquellos vinos llegados de unas islas situadas en medio del Atlántico.

En una época en la que el transporte marítimo era lento, arriesgado y costoso, los productos que llegaban desde territorios lejanos podían adquirir un aura especial. Los vinos canarios reunían precisamente esas cualidades: personalidad, prestigio y una historia comercial que los vinculaba con algunas de las principales ciudades europeas.

Botella cerámica blanca del siglo XVII con la inscripción "SACK 1648" en azul
Botella cerámica blanca del siglo XVII con la inscripción "SACK 1648" en azul, destacando un diseño simple y elegante propio de la época.

Shakespeare también hablaba del vino canario

Pocas historias ilustran mejor la fama de estos vinos que su presencia en la literatura inglesa.

William Shakespeare incluyó referencias al vino canario en sus obras. En Las alegres comadres de Windsor, el personaje de sir John Falstaff muestra su afición al sack, una bebida estrechamente vinculada en la cultura inglesa de la época a los vinos importados de la península ibérica y Canarias.

También encontramos referencias al Canary en otras obras de la literatura inglesa del periodo. Estos testimonios ayudan a comprender hasta qué punto el vino había penetrado en el imaginario cultural de la sociedad británica.

Conviene matizar que sack no era un término exclusivo de los vinos canarios y que una referencia literaria no siempre permite identificar con certeza el origen de cada vino mencionado. Aun así, la presencia del Canary en la literatura constituye una muestra extraordinaria del reconocimiento que alcanzaron nuestros vinos.

Canarias había conseguido algo que pocas regiones vitivinícolas podían presumir: que sus vinos formasen parte de las conversaciones, los hábitos y las referencias culturales de una de las grandes sociedades europeas de su tiempo.

Ilustración de John Falstaff, personaje de Shakespeare
John Falstaff es un personaje icónico creado por William Shakespeare, conocido por su personalidad exuberante y su amor por la bebida, especialmente el Sack, un vino de origen español.

Cuando el éxito comenzó a convertirse en un problema

El crecimiento del comercio también trajo consigo tensiones. A medida que aumentaba la demanda, los precios del vino canario subieron y los comerciantes ingleses buscaron mecanismos para controlar el negocio y mejorar sus márgenes.

En 1665, la Corona inglesa impulsó la creación de la denominada Canary Company, una compañía privilegiada que pretendía controlar el comercio con las islas y negociar los vinos en condiciones favorables para los intereses ingleses.

La iniciativa generó un profundo rechazo entre numerosos productores y comerciantes canarios. El intento de imponer condiciones comerciales más ventajosas para la compañía amenazaba los beneficios de los cosecheros y la libertad de vender sus vinos.

La tensión alcanzó uno de sus momentos más dramáticos en Garachico, en Tenerife, en 1666. El conflicto comercial y la resistencia de los productores desembocaron en los episodios conocidos como el Derrame del Vino, asociados a la destrucción de vino como protesta ante las condiciones impuestas al comercio.

La compañía fue disuelta en 1667, pero el episodio dejó una profunda huella. Las relaciones comerciales habían quedado deterioradas y el vino canario comenzaba a enfrentarse a un escenario cada vez más complicado.

A este conflicto se sumaban las restricciones del comercio marítimo inglés, las rivalidades entre potencias europeas y la dependencia de los productores canarios de mercados y comerciantes extranjeros. El esplendor del vino canario descansaba, en buena medida, sobre unas redes comerciales que las islas no controlaban por completo.

El Tratado de Methuen: una nueva pieza en el tablero comercial

Si el siglo XVII había mostrado la fragilidad del comercio canario, el comienzo del XVIII trajo consigo una nueva configuración de las relaciones económicas europeas.

El 27 de diciembre de 1703, Inglaterra y Portugal firmaron el conocido como Tratado de Methuen, también llamado Tratado de los Paños y los Vinos. El acuerdo establecía ventajas comerciales recíprocas: Portugal facilitaba la entrada de tejidos de lana ingleses, mientras que Inglaterra concedía a los vinos portugueses un trato arancelario favorable frente a los vinos franceses.

El tratado no fue diseñado específicamente para perjudicar a Canarias, pero contribuyó a fortalecer la posición de Portugal en el mercado británico. Los vinos portugueses, entre ellos los que posteriormente alcanzarían gran notoriedad bajo la denominación de Oporto, se beneficiaron de un marco comercial favorable que reforzó sus oportunidades de exportación.

Para comprender su importancia, debemos mirar más allá del propio acuerdo. La competencia entre regiones vinícolas no dependía únicamente de la calidad o de las preferencias de los consumidores: también estaba condicionada por los impuestos, las alianzas políticas, las rutas marítimas y el acceso a los mercados.

Los vinos canarios ya habían sufrido graves dificultades durante la segunda mitad del siglo XVII. La crisis comercial, los conflictos con los mercaderes ingleses y las restricciones a las rutas de intercambio habían debilitado su posición. Methuen llegó después, dentro de un contexto en el que las relaciones entre Inglaterra y Portugal se estrechaban y los vinos portugueses ganaban ventajas competitivas.

El Tratado de Methuen no explica por sí solo el declive del Canary Sack, pero ayuda a entender el nuevo escenario internacional en el que los vinos canarios tuvieron que competir. Las decisiones diplomáticas tomadas a miles de kilómetros de los viñedos podían tener consecuencias directas para los productores de las islas.

La historia del vino canario es también la historia de cómo las grandes potencias europeas utilizaron el comercio para defender sus intereses económicos.

Del esplendor comercial al legado histórico

Durante los siglos XVI y XVII, los vinos de Canarias habían alcanzado una posición privilegiada en determinados mercados europeos. Sin embargo, la combinación de conflictos políticos, restricciones comerciales, cambios en los gustos y competencia internacional fue erosionando aquella posición.

No hubo una única fecha en la que el vino canario perdiera toda su importancia. Fue un proceso gradual, con diferentes causas y consecuencias, que afectó de manera desigual a los territorios productores y a sus comerciantes.

La historia del Canary Sack nos recuerda que incluso los vinos más prestigiosos pueden quedar expuestos a transformaciones que van mucho más allá de la viña y de la bodega.

Pero el declive de una época comercial no significó la desaparición de la cultura vitivinícola canaria. El conocimiento acumulado, las variedades cultivadas y la adaptación a las condiciones particulares de las islas siguieron formando parte del patrimonio agrícola del archipiélago.

Una historia que merece volver a la copa

Hoy, cuando descorchamos un vino canario, no siempre somos conscientes de la dimensión histórica que existe detrás de él.

La viticultura del archipiélago es el resultado de siglos de adaptación, intercambio y conocimiento. Sus variedades, sus paisajes volcánicos y sus formas de cultivo constituyen un patrimonio singular que merece ser conocido y valorado.

La historia del Canary Sack nos recuerda que Canarias no fue únicamente una tierra de paso en las rutas del Atlántico. Fue también un territorio productor de vinos capaces de despertar el interés de comerciantes, viajeros y escritores en algunos de los principales mercados europeos.

Como sumiller, considero que conocer esta historia enriquece nuestra manera de acercarnos al vino. Cada botella contiene aromas y sabores, pero también conserva la memoria de quienes cultivaron la tierra, elaboraron el vino y lo llevaron, hace siglos, mucho más allá de nuestras costas.

El vino canario tiene pasado, presente y futuro. Y conocer su historia es otra forma de disfrutarlo.